Campamento turístico indígena se culmina “respirando warao”

Tienen más de 7500 años de adaptación a los manglares sin alterarlos y aún los habitan en comunidades dispersas a pesar los desplazamientos forzados por centenares de años, los warao de Yabinoko (sureste del estado Monagas) demuestran su interés por ingresar a la economía del turismo con la presentación de la Asociación de Artesanas WaraoWitü y el Campamento Turístico WaraoWitü en el Foro Ahora le Toca al Turismo el pasado 26 de mayo en la Estancia Las Mercedes de Cabudare (estado Lara).

En el evento que concentra empresarios y promotores del turismo desde el sector privado interesado en posicionarlo y con el compromiso que merece el tema por su impacto social, el gerente de proyectos de la Fundación Programa Andes Tropicales (PAT), Jaime Bautista, durante su intervención presentó como apoyan a esta comunidad desde el momento de ellos solicitar el asesoramiento hasta su próxima culminación y con ello hacer una recuperación de su bagaje cultural “y de un patrimonio natural admirable”, gracias al financiamiento de la Unión Europea.

Sobre la segunda etnia más numerosa del país señala que cuentan con “excepcionales mujeres artesanas” y guías para la interpretación de naturaleza dispuestos a fortalecer sus opciones económicas para su rescate como miembros de “pueblos ancestrales que representan un patrimonio cultural espectacular en una Venezuela multiétnica, pluricultural y multilingüística”.

El resultado de esta asociación es un campamento capaz de ofrecer servicio de alojamiento y alimentación hasta para 30 personas, diseñado con elevados índices de sostenibilidad y manejo de bajo impacto, porque cuenta con energía solar, planta de tratamiento de aguas cernidas orgánicas, y las salidas hacia los manglares se estiman en la embarcación tradicional curiara y no en lancha a motor, donde pueden descubrir además partes de la mitología que los Warao poseen.

Para culminar invitó a integrar los esfuerzos de todas las instituciones y dejar de trabajar aisladamente para crear las condiciones necesarias para el turismo, que funcionarios públicos o pequeños y grandes empresarios le “den sentido a un corpus turístico nacional eficiente, a recuperar espacios para la generación de productos realmente terminados, fortalecer el modelo educativo tanto académico como experiencial para que el turismo en vez de estar declinando, crezca y genere espacios para el hacer bien”.

Además de encontrar empresarios con interés en nuevos productos al querer saber las estructuras de costos manejada para colocarlo en el mercado, coincidieron con promotores del turismo y emprendedores vinculados a la gastronomía o al desarrollo de productos interesados en el asesoramiento del PAT, e incluso medios de comunicación interesados en promover su modelo de rescate y recuperación de la diversidad biológica enfocado en “desvelar que detrás de cada problema ambiental hay un problema social”.

En el sur de Mérida aprenden sobre hitos de la historia que allí ocurrieron

 

La Fundación Programa Andes Tropicales (PAT) y la Asociación Cooperativa Mucusur llevan a Acequias el taller Hitos de la Historia en el Sur de Mérida, dictado por el cronista y escritor Ramón Sosa Pérez en el marco del proyecto “Andes Sur: Diseño e implementación participativa de 4 productos ecoturísticos comunitarios que valoricen la biodiversidad y fomenten la conservación ambiental en los Pueblos del Sur del estado Mérida”, financiado por el Programa de Pequeñas Donaciones del Fondo para el Medio Ambiente Mundial del PNUD.

Desde la Escuela Básica local señala que es una necesidad imperiosa apropiarse de los conocimientos históricos propios para redescubrirse como surmerideños con los valores y principios que tienen, y el cronista indaga para saber y luego proyectar con un enfoque más íntimo estas historias de los hombres y su respuesta al entorno natural, simbiosis e interacción con un espacio que hoy se distinguen como los Pueblos del Sur, el resultado son los hitos o detalles entre los hechos que los pueden vincular aunque parecen aislados.

Los surmerideños cuentan con una ubicación que corresponde al 33% del estado Mérida, en un conjunto geográfico de 21 comunidades agrupadas en municipios y parroquias al sur del río Nuestra Señora, pero las características de sus habitantes se pueden distinguir por el habla cantarina “con unos modismos muy simples”, y una serie de valores como la amabilidad, el trabajo, la solidaridad, la honradez, la lealtad y el compromiso, Sosa resalta como fortalezas la lengua, el territorio, el patrimonio y las devociones.

Evoca ante decenas de docentes y público en general del pueblo episodios acaecidos en diferentes épocas de esta región como la llegada de los monjes agustinos en 1597 al “sur de las acequias” desde Mérida, donde había comunidades trabajadoras, dedicadas única y exclusivamente al cultivo de la tierra, gente pacífica que se encuentra detrás de la sierra. Sosa destaca que hubo un reconocimiento de la gente que allí habitaba, indígenas que por las huellas en las montañas sabían canalizar el agua desde lugares remotos.

Indicó que los Pueblos del Sur no fueron fundados porque ya estaban aquí desde tiempos ancestrales, con la evangelización ocurre la presentación cultural de estos pueblos originarios como los primeros surmerideños, quienes dedicados al cultivo tienen cultura demostrable además por la cantidad de topónimos en uso que en Acequias cuentan con un record al concentrar una numerosa existencia de palabras que denominan sus lugares.

Sobre estas naciones aborígenes agrega que se trataron de comunidades dispersas desplazadas o diezmadas por tribus nómadas provenientes del llano y centro occidente del país, que se impusieron por ser más numerosas pese a la resistencia de las asentadas inicialmente, un período sangriento que obligó a la iglesia católica a suspender su presencia hasta el años 1640, pero que le permite rastrear desde tiempos remotos los orígenes de los valores y la identidad de los surmerideños.

En su itinerario este taller ha sido facilitado hasta la fecha a más de 500 personas con el propósito de recuperar las expresiones de autoctonía, identidad, patrimonio, querencia hacia lo nativo, también para revisar el espacio cultural propio y ver cómo los modos vida tienen mucho que ver con los espacios porque “somos historia y entorno, un producto que debemos enlazar con el ambiente” y por parte de las comunidades queda conocerla para hablar de su historia.

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