El Picante es uno de los factores que deterioran el sentido del gusto a lo largo de una vida

Por Alfonso Fisher.

Nacemos con más de diez mil papilas esparcidas en la lengua. Su importancia es tal que cuando somos bebés intentamos buscar información sobre nuestro entorno probando todo lo que encontramos, mientras no poseemos el suficiente uso de razón para hacerlo y nuestra sensibilidad al degustar está al máximo. Nos brindan un sinfín de sensaciones y sabores inolvidables a lo largo de nuestra vida. Así como también nos brinda la posibilidad de degustar alimentos que pueden encontrarse o no en buen estado, acompañado de otros sentidos, y hasta elevar nuestro espíritu al probar manjares que complazcan nuestro paladar.

Por eso nos hemos dado a la tarea de conocer cuáles son las principales afecciones que pueden perjudicar a este sentido tan importante para nuestra alimentación, así como también conocer sus causas, consecuencias y maneras de prevenirlo. Para esta labor contamos con la colaboración de la Dra. Sajidxa Mariño, especialista en otorrinolaringología, quien explicó en una entrevista todos estos detalles que daremos a conocer a continuación.

En principio, debemos estar conscientes que son múltiples los factores que inciden a la hora de que nuestras papilas gustativas pierdan su capacidad original de identificar una amplia gama de sabores. Siempre se nos ha dicho que respirar solo por la boca puede dejarnos graves secuelas en nuestro organismo, entre ellas mayor susceptibilidad a padecer fatiga y agotamiento. Pero también resulta importante a la hora de mantener en buen estado de la papilas gustativas debido a que la ausencia de tránsito de aire que pasa a través de la mucosa nasal para mantenerla húmeda, y de esta manera hacer que los receptores olfativos se mantengan en buen estado y logren transmitir la información de las moléculas de comida que ingerimos por la boca al cerebro, la cual complementa la recogida por el sentido del gusto a través de la lengua y el paladar. A eso se añade el hecho de que mantener la nariz congestionada como consecuencia de resfriados, gripes o rinitis alérgicas dificulta la capacidad de detectar el sabor de las comidas que ingerimos lo que conlleva a perder el apetito durante ese tiempo en el que estamos convalecientes por estos inconvenientes de salud.

También existen múltiples factores externos que pueden alterar el sentido del gusto. Ya sea que respiremos elementos químicos perjudiciales, así como también viniendo como consecuencia de cirugías realizadas en el área bucal. Por ejemplo, inhalar gases o sustancias que irriten la mucosa de manera constante. Oler químicos para la limpieza o estar expuesto a un enorme volumen de emisiones de dióxido de carbono, pueden terminar afectando a la mucosa que debe mantener húmeda a los receptores olfativos que se conectan con las papilas gustativas y nos dan a conocer el sabor de lo que ingerimos.

Por otro lado, debemos incluir las cirugías que por el tipo de tratamiento son o fueron invasivas para los sitios donde tenemos ubicados el sentido del gusto. Dos ejemplos de esto son las cirugías para sanar el virus del papiloma humano (VPH) o las que se realizaron para sanar el ronquido, donde se precisaba quemar parte del paladar para lograr ese objetivo. Afortunadamente ya éstas no se están llevando a cabo hoy en día. A todo lo anterior, se le suman nuestros hábitos cotidianos  siendo muy probable que con éstos  se pueden generar las principales afecciones que perjudiquen el sentido del gusto. Van desde lo que ingerimos hasta vicios nocivos para salud -también en este ámbito- pasando por nuestros ambientes de trabajo.

Sin embargo, los elementos más destacados entre los cuales pueden perjudicar al sentido el gusto es el uso del picante, el cual debe ser moderado a lo largo de nuestra vida. Según señala la Dra. Mariño: “El exceso de irritantes en las comidas genera desgaste en las papilas gustativas”. Esto a la hora de probar otros alimentos estos nos parecerán más insípidos. Algo similar ocurre con la temperatura en alimentos y bebidas que consumimos. Si se encuentra excesivamente calientes o frías eso las dañará de manera permanente, impidiendo saborear cualquier cosa de la misma manera en que lo veníamos haciendo.

Algo que no percibimos con mucha facilidad pero está presente en muchos de los alimentos que consumimos en la actualidad es el glutamato monosódico, el cual es un elemento indispensable para saborizar comidas que vienen enlatadas y que debido a nuestro ritmo de vida se han hecho muy presentes en la dieta diaria. Pero, su uso en exceso puede dañar las papilas gustativas igual que los otros factores mencionados anteriormente, pero de cierta forma de manera más silenciosa, ya que al probarlo no nos producirá el mismo “estruendo” de que si estuviéramos consumiendo un plato sazonado con un habanero o un café recién colado. En conclusión, lo habitual es que una persona pasados los 40-50 años de su vida le queden un aproximado del 80% de papilas que tuvo al nacer y para lograrlo debe tener en cuenta todos estos factores que hemos venidos señalando para lograr preservar de manera óptima nuestro sentido del gusto.

Finalmente, la especialista destaca que la calidad del gusto va relacionada a los hábitos biológicos y psicosociales del individuo. En ese sentido, el cuidado de las papilas gustativas debe ir ligado a nuestra edad, ya que en base al uso de le damos a lo que ingerimos podremos conservar este sentido que, haciendo un uso de palabras, le retribuye el sabor a lo que consumimos a la hora de poder degustarlo sin complicaciones de ningún tipo.

 

 

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