Por Jorge Flores Riofrio

La antología estará hasta noviembre en el Centro Cultural Padre Carlos Guillermo Plaza, dentro de la Universidad Catolica Andrés Bello

El sol de la mañana entraba por los ventanales del centro cultural de la Universidad Católica Andrés Bello, lo que aumentaba el brillo blanco de las paredes, que rebotaban en las obras de Daniel Suárez en pleno montaje, mientras el artista supervisaba con detalle cada una de las piezas que mostraría en esos espacios desde el 1° de abril de 2017. Cincuenta años de obra artística resumidas en esas paredes junto a la biblioteca de una las universidades más importantes del país, como una antología que no se queda en los recuerdos sino que se desarrolla en la voluntad de un venezolano que afirma, con palabras y con hechos, asumir su responsabilidad con el país frente a la crisis.

“Con esta exposición quiero abrir nuevos espacios en Caracas, donde haya un contacto directo con los estudiantes y las universidades”, dijo Daniel Suárez, sentado en una silla frente a una de sus esculturas y al lado de otra en fase de montaje. El artista que ha recorrido medio siglo de historia con una propuesta geométrica, explicó parte de sus motivaciones con la muestra: “La idea es descentralizar los espacios artísticos. Cuando quieres ir a una galería, vas a Las Mercedes, al centro de Caracas o a Los Palos Grandes, lugares alejados de este lugar en donde estamos, que es la zona olvidada de la cultura.”

Para el escultor, los estudiantes necesitan que el arte venga a ellos, puesto que tienen el tiempo limitado entre investigaciones, exámenes y toda la dinámica estudiantil; además que estar en esos espacios le permite al artista conocer a quienes se desenvuelven en la institución: “Esta es una oportunidad para abrir una relación con los profesores y los alumnos, además de permitir que los amantes del arte conozcan esta Universidad, sede de lugares bellísimos.” Sus afirmaciones están respaldadas por la arquitectura del Centro Cultural y los jardines que se mantienen cuidados en el corazón de la institución.

“Esta Universidad hace un trabajo muy interesante con la gente de La Vega, de Caricuao y de Montalbán. Por eso estar aquí tiene tanto sentido”, afirmó el fundador de un centro de arte que lleva su nombre. El innegable trabajo social de la UCAB tiene sentido con los fines de la muestra: “En esta antología no solo exhibiré obras, sino además, dictaré en comunidades aledañas, una serie de talleres para niños y adolescentes de pintura y dibujo—dijo, y luego agregó—.Yo como artista he asumido mi responsabilidad.”

La responsabilidad ciudadana fue un tema constante en sus respuestas. Para el artista, su función como creador no está separada de su responsabilidad como venezolano. Ese pensamiento lo ha mantenido durante su carrera artística, que para él tiene los mismos desafíos a los que debió enfrentarse hace 50 años: “Para el artista siempre ha sido igual y más para quienes tienen una obra diferente.” Luego de un breve silencio, Suárez miró una de las piezas cercanas y dijo: “Al revisar las cosas guardadas, desempolvando las obras viejas me di cuenta que mi compromiso con Venezuela sigue igual.”

Sobre la crisis en Venezuela, Daniel Suárez, un escultor forjado en el desafío de ser, un escultor geométrico abstracto de los Andes dijo: “Este momento que vivimos los venezolanos es una oportunidad, puesto que es de la crisis que uno le saca provecho a la capacidad creativa.” Él no niega que la dinámica actual tenga ciertas diferencias con sus comienzos. Por eso en el año 2003 fundó el Centro de Arte Daniel Suárez, que apoya a nuevo artistas durante los primeros y difíciles años de un creador. Actualmente, la mayoría de quienes son apoyados por el Centro trabajan la línea geométrica. Sin embargo, Suárez asegura que pronto vendrán nuevos proyectos, entre los cuales habrán muestras de juguetes y muebles hechos en diferente materiales por creadores venezolanos.

Naturalmente, los artistas con inclinaciones parecidas se juntan. Por eso no es de extrañar que la galería que dirige esté constituida principalmente por artistas geométricos abstractos. Sin embargo, para el escultor no deberían existir divisiones entre quienes están dedicados a crear. Reconoce que la histórica separación entre figurativos y abstractos continúa, aunque desde su punto de vista, es hora de dejar las diferencias a un lado, cuando se trate de apoyarse al arte: “Eso siempre ha sido así. El artista figurativo va por un lado y el abstracto por otro. Yo creo que no debería ser, más bien deberíamos enrumbarnos a un camino en común, que nos beneficie a todos.”

 

Daniel Suárez ha enfocado su trabajo en un arte que al momento de nacer dentro de los movimientos vanguardistas de los años 1920, desafiando los preceptos artísticos imperantes del momento. Actualmente, y en medio de un mundo en donde se han agotado los patrones absolutos, el artista considera que nos encontramos en un momento en donde aún se puede pretender crear nuevos movimientos, pero no para formar líneas que sometan al creador, sino que cada uno las forme para desarrollar sus ideas: “El arte no puede ser definido, el artista no tiene que entrar en una línea de trabajo de otro. Tiene que ser libre, nadie puede enmarcarte. Es como el color, el color es universal, se mueve para sí y cada artista elige cómo abordarlo.”

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